Insumision

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Bajaba las escaleras despacio, haciéndose presente de cuerpo y alma a aquellos que pudieran observarla, una blusa blanca aferrada a su cuello, con las puntillas de una dama, igual que el largo de su falda y el sombrero que debía cubrir su rostro de los primeros rayos que el sol regalaba aquella primavera.

– Estás preciosa esta tarde.

– Tú tan vulgar como siempre.

– No vas a cesar en tu actitud.

– No mientras existas.

Había sido un matrimonio concertado por sus padres. La habían encadenado a un hombre como ellos, corte clásico, aburrido, cartera abultada, sexo misionero con ella, con otras no sabía.

Quisieron enterrar su rebeldia, no pudieron, bajo aquel traje de señora de la que nada se supone y todo está escrito llevaba sus botas, las compró en secreto en el barrio de las prostitutas, era su marca a cada paso, pisando con ellas se sentía dueña de su cuerpo.

– No me siento bien.

– Normal, eres un exceso.

– Que quieres decir?

– Exceso de grasa, exceso de alcohol, de sexo no se, conmigo seguro que no, con otras no se si puedes.

– Nunca serás una dama! Tienes boca de zorra…

– Jamás quise serlo, y querido, la boca, seguro que te encantaría probarla.

Consiguió lo que quería, sus instintos de macho herido olvidaron controlar lo que tenía entre sus manos, quiso cruzarle la cara en ese gesto tan masculino, y sin embargo, cruzaron al otro lado de la carretera.

Felizmente no estaba muerto, pero si se convirtió en lo que realmente era, un inútil, pero sólo de cintura para abajo.

Tres años atrás se había aprobado el divorcio en casos como el suyo. Ya no necesitaba sus botas, podía andar descalza.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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