Danzándote III

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Soy muy consciente de que la sesión no ha terminado, al menos para mí.

– Val, puedes ducharte e irte. Nos vemos. Mi chica todavía no tiene todo lo que se merece.

Como si también fuera su Amo, mi compañera de cama se va sin rechistar, mientras oigo el agua, el silencio se ha apoderado de la habitación, me acaricia suavemente y me mira, pero no pronuncia palabra hasta que la puerta se cierra de un golpe seco, sin un adiós, mi cara es un interrogante, pero se que no voy a recibir respuesta, no tengo más derecho que el de obedecer.

Cubre mis ojos y muerde mi cuello con dureza, se trata de dejar su marca, me ata de rodillas, dandole la espalda, y como si la pena del día no hubiera sido suficiente descarga su pala cinco veces, esta siendo más duro de lo habitual, como si una rabia contenida por un motivo que desconozco tuviera mi dolor como objetivo, a la sexta pronuncio la palabra mágica. Para. Se que no le ha gustado.

– Que blanda estas hoy. No estás a la altura.

Esas palabras me duelen más y presa de la rabia le digo:

– Sigue

Pero me callo un ” quizá es porque tu nunca lo estas” que se me clava en la garganta con los siguientes cinco azotes, las lágrimas recorren mi cara cuando me desata, me da la vuelta y empieza a besarme.

No puedo sentir los besos, esta vez no calman mi dolor, ni siquiera cuan el me folla, como le gusta llamarlo, aunque empieza muy salvaje y termina dulcemente no siento nada, sólo un halo frío que me recorre todo el cuerpo.

Ante mi nula reaccion, se detiene, pero solo cuando está satisfecho, no le veo, pero se que me está mirando con detalle, debo ser un deshecho humano, llevo un tiempo eterno de una sesión muy dura, el dolor me tiene paralizada, congelada. Sus caricias no consiguen movilizarme, me levanta y me acerca agua a la boca, me quita la máscara, me besa los labios pero soy incapaz de devolver el beso, se que esa noche se va a quedar, sabe que los daños han sido graves, aunque los peores no han dejado marca, solo el rimel que ha teñido aún más oscura mi mirada.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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