Tropiezo

image

Y recuperando el aire, se dejó caer, despacio, a cámara lenta, convirtiendo cada movimiento en ina sensación, recolectando todo lo que había sido aquella tarde que dejo la puerta abierta a la noche, una vez más la luz se colaba por las persianas mal bajadas, podía sentir que nada le faltaba pero se sentía huérfana, un crujido inesperado empezaba a dar respuesta a sus ojos cerrados, el contacto de una espalda empezó a narrarle la historia, no se habían citado, habían tropezado en una esquina de la vida y ahora estaba detras de ella, podía sentir como le robaba el aire, ese oxígeno que era solo suyo, aquellas cuatro paredes en que se recogía estaban ahora invadidas de otro anhidrido carbónico, otro, pensó en no hacer ruido e irse, pero no podía, aquella era su casa, decidió esperar, el tiempo pasaba y la espalda era ahora torso y brazo sobre su cuerpo, el crujido deambulaba pir las otras habitaciones, tendría que esperar más, se agazapó refugiándose de ella misma.

– Buenos días! ¿Preparo café?

Silencio, si se callaba a lo mejor se marcharían todos, la voz y el cuerpo.

– No hace falta que disimules, llevas horas huyendo de mí y de la cama. No voy a montar una escena, me marcharé para que lo arregles, solo quería despertarte amablemente.

Se giró, le miró al rostro avergonzada, recordó el tropiezo, las rubias y el final de la noche.

– Disculpa yo…

– ¿Con leche?

– Solo mejor.

El se dirigió a la cocina y ella al baño, cuando olió el aroma salio y le besó sin tiempo.

– Buenos días cariño, seguimos jugando a que no ha pasado nada o también invito a café al tipo que sigue durmiendo en nuestra cama.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

A %d blogueros les gusta esto: