Cuando seamos sombras

Miraba con ojos ausentes su carro de la compra, sentada en un banco, en uno de los paseos del pueblo, amenudo, la veo ahí, sola, acompañada de su memoria, de lo que fue, no mira a futuro, porque su vida es una sórdida ruleta de amaneceres en soledad.
A veces la veo charlar con alguien, pero la tristeza de su mirada siempre es la misma, intento sacarla de su abismo con un saludo, que a veces vuelve i otras no.
Ella, y otros como ella, ancianos solitarios, unos con hijos desalmados, otros solos, pasean por nuestras calles y ni siquiera los miramos, el tiempo, el egoismo, nunca será ese mañana para nosotros, pero llega, y como decía García Márquez, no hay peor soledad que estar rodeado de gente y sentirse sólo.
Ella, la mujer del carrito, probablemente sienta esa soledad, y esa, día a día te rasga el alma, y entonces es cuando miro la mía, yo soy afortunada, tengo a Jerai, pero cuántas noches el filo de la soledad acarició mi alma, hasta que el hizo un gesto o le oí respirar.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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