Esperpéntica noche

Noche de sábado,
las velas prenden en mi refugio, que es mi casa,
fuera la algarabía que precede a un día festivo, para muchos, que no todos,
los niños gritan, los adolescentes imponen su música, los adultos charlan,
unos pasean o se dirigen a algún sitio,
otros sentados tras la mesa o en un banco,
y yo hace tiempo elegí el silencio,
quizá fue cuando mi cuerpo rendido de tanta lucha y fiesta, por que no, dijo un día ¡basta!, ahora me escuchas a mí,
y lo hago, lo suyo es una dictadura silenciosa,
no un mamporreo ridículo,
aquí, sentada, escuchó y leo el ruido del mundo,
ese otro mundo al que pertenezco, y sin embargo,
me siento extraterrestre en mi planeta,
que parece ser este,
la mayor parte del tiempo no comprendo a mis congéneres, podría decir que a algunos no los tolero, y como no puedo ser como ellos, me declaro no terrestre.
No entiendo el maltrato al planeta, a los animales y entre humanos,
no entiendo a los que manejan de derecho, entre bastidores,
los que ejecutan de hecho,
y menos, a los títeres que ciegos, poseídos por alguno de los siete pecados capitales, envidia e irá en cabeza,
se dejan manejar por todos los rincones de este planeta al que se supone pertenezco,
no pecó de orgullo, no me siento superior, pero de idiotismo o mansedumbre tampoco,
nací guerrera, dicen que Marte es mi regente,
miré usted por dónde en eso acertaron.
Eso es lo mejor de este silencio mío, entre el aislamiento voluntario e impuesto,
desde esta prisión a veces paraíso, otras infierno,
de la que tengo la suerte de poder salir poniéndome en pie y dando unos pasos,
oteo lo que me rodea y no dejo de asombrarme de lo ruines que somos,
exagerada, pesimista, amargada dirán algunos,
quizá todos llevamos algo de todo tipo de sentimientos y estados,
pero yo os invito a ratos de aislamiento y silencio,
a observar de cerca, como fantasma, vuestro mundo cercano,
y a mirar de lejos, en la gran red, lo que ocurre más allá de lo que nuestros ojos ven,
y no sólo en ojos afines o amigos,
que el arcoíris tiene todos los colores,
y después, miraros a vosotros mismos,
preguntaros quienes sois, a donde vais, que sentís con todo el ruido ajeno,
y por ruido me refiero a charlas, música, noticias, escritos, opiniones…
Yo siempre estuve a dieta, y sin embargo en Marte estaría estupenda,
mi abuela, la Barnes, se crió en Murcia, quien sabe, quizá de ahí mi sangre marciana,
no se me ofenda nadie, que tan orgullosa estoy de mi abuela que uso su apellido.
No se, creo que esta noche, aquí, con mis velas, cual Aramis Fuster, pero en versión cuerda,
tengo la noche esperpéntica,
mi amor por Valle-Inclán es conocido,
entregada a su forma de ser y estar,
y quizá sean mis velas sus “Luces de bohemia”.
No, está noche no es poética, que rima no tengo nunca, nací sin ella, y menos métrica, demasiado alta para mi generación, me pase mi infancia y principio de adolescencia de pescadora,
soy de difícil atadura, no es fácil que me amarre ni a tierra ni a hombre,
y con los años,
la libertad de esta soledad que a veces pesa,
engorda en mis días en que más yo me siento,
y llegué a este punto desde el ruido de la calle en una noche de sábado.
El dueño de una moto quiere que todos sepamos que la tiene, o quizá es una moto vieja y ruidosa de las que usan los repartidores jugándose el físico por cuatro euros mal contados.
¿Lo ven? Le he dado la vuelta a este desvancijado mundo desde mi sofá,
un mundo dónde a las mujeres se las ejecuta y corta la cabeza por hablar, pero los ejecutores tienen el petróleo, así que todos calladitos, un país donde mueren mujeres por días, porque toda la judicatura sabe que una orden de alejamiento es una mierda que el maltratador se salta cuando quiere, pero aquí no pasa nada, será que las mujeres somos ciudadanas de segunda, que aquí la sacrosanta Constitución la interpretan los poderes fácticos y la mueven como les sale del interés, y no digo coño porque debería decir huevos, que hasta el mismísimo estoy de la habitual jerga machista.
Y hasta aquí.
No sé si está marciana les ha aburrido, les prometo que sólo bebo Coca-Cola zero, por lo del peso que hablábamos antes.
Esperpéntica noche la mía, que sus sueños acompañen la suya, quizá al despertar, ustedes y yo, nos demos cuenta que este mundo podrido era sólo una pesadilla o lo más seguro regresamos a la cotidianeidad en manos del titiritero.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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