Noches de bronce

Le miró a los ojos, ser extraño cruzado en su camino, la estación abarrotada de olores que invocaban sabores, el sabía bien, suspiro,
demasiados amaneceres sin un beso en la boca, uno de esos que le abren al día del calor, la puerta del mismo infierno, besos de lujuria los llamaba, lo imaginó, desnudo y despeinado entre sus sábanas, un sofoco de excitación se extendió por cada rincón de su cuerpo, había ido a comprar revistas y de paso, pasar revista de viajeros e imaginar viajes, nunca salió de allí, algunos la llamaban la maestra loca, otros la solitaria,
e incluso se inventaba historias sobre su persona, siempre discreta y recatada, escondida tras sus gafas de montura de pasta, el calor la abrasaba, sentía como se ruborizaba sin poder evitarlo, miro si la miraban, él la miró y se sentó a su lado, ¿viajas?, revistas, aquí hay más,
pensaba irme pero si me acompañas cenando me quedo, ella si se quedó, pero sin habla, el sin decir nada, la tomó del brazo y la llevo al restaurante más concurrido del pueblo,
cenaron y se amaron, el se fue con el sigilo del que ha robado algo, ella se despertö con la certeza, de que había sido objeto de una noche, la encontraron rígida en su lecho,
no quiso vivir más sin el y con los otros.
Nadie la lloró, pero si un triste silencio la acompañó hasta su última morada, la tercera, la primera había sido la de sus padres, dejó su tierra y de saber cuando no quiso casarse con el mozo elegido.
Meses más tarde, llegó al Ayuntamiento en un gran transporte, un enorme bulto firmado por A.P.
Cuando lo abrieron, ante el asombro de todos, apareció una enorme escultura con el rostro de la maestra, con los ojos cerrados esperando un beso.
La escultura, en bronce oscuro, se llamaba, “La mujer que nadie supo besar”.
Sólo entonces, muchos de los que la ignoraron apreciaron su belleza congelada en el tiempo para siempre.
A.P., era Antonio Porto, un famoso escultor portugués, casado, como todos, impresionado por una belleza que nadie supo ver, como el tampoco supo, que su amor robado de una noche, era una condena de muerte.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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