En tu tierra cabalgo

Te camino despacio,
tierra que no conozco,
me encanta pasear y recrearme en rincones entre sol y sombra,
tomar agua de ese manantial desconocido,
dejar que brote poco a poco la amalgama de sentimientos que lo inexplorado hace nacer en mí,
el sol se apodera cada vez más de ese rincón,
mi cuerpo siente el sudor del labriego,
buscando lo oculto,
como minero, me adentro en las profundidades,
quiero conocer cada cicatriz,
cada derrota,
cada sol mal curado,
y así,
en ese dulce dejarse ir por tus calles y paseos, llegar a la fuente de los deseos,
erguida,
solicitando su placer,
agarro la montura y empiezo despacio,
al trote,
y cuando la brisa del anochecer se cuela por fin por las rendijas de tu patria,
ahora mía,
cabalgo sin descanso y sin más destino que el tronar de la noche cuando llegamos a casa,
sin descabalgar me tumbó en tu monta,
ahora mía,
no hay más luz que el brillo de nuestros ojos extasiados,
ya haciendo yunta,
mis labios se abren unos instantes para beber,
bendito el manantial que cura la sed que reclama a gemidos nuestro cuerpo,
bendito la tierra ajena que se labra con el deseo de no dar más frutos que amarse un instante eterno de vida.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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