Una Patriarcada

Entre cortinas,
la silueta de un cuerpo de mujer desprende fuego,
ojos aciagos de cotidianeidad,
se avalanzan entre empujones para ver lo prohibido,
aquello que no es suyo ni será,
un instante de placer se recrea en cuerpos de todo tipo,
las distintas humedades se mezclan con el calor de la tarde,
un bochorno traslúcido corta el tráfico de una gran avenida,
los pitidos de los coches ante su inutilidad se silencian,
los conductores descienden,
la mujer ardiente tras la cortina,
cubre a medias su cuerpo con una boa que la mira a los ojos,
de repente muerde una manzana y todas las allí presentes arden con ella,
el castigo eterno,
el espectáculo finito,
la desnudez condenada,
la mujer rea del mil y una supersticiones,
los hombres,
secos del calor desprendido por los cuerpos abrasados
continúan su rutina
entre la duda del espejismo y el saber de su poder patriarcal,
la manzana caída en el suelo tiene un solo bocado,
un mendigo la coge y saborea,
el pecado original ha terminado,
sigamos pues condenadas por razón de sexo,
obviadas por puñetas patriarcales,
desprotegidas y asesinadas,
el mendigo tira el corazón de la manzana a un contenedor,
a miles de kilómetros una mujer muere lapidada,
se arregla la ropa en un escaparate y se peina la barba,
ayer, la vecina que siempre tenía un plato caliente para el falleció,
decir que fue asesinada es demasiada realidad,
al llegar a la iglesia le caen las lágrimas,
no era cualquier mujer,
ella no le recordaba,
el cuerpo yaciente frente a él,
era su hermana.

PINTURA: ALEGORÍA DE LA HISTORIA DEL MUNDO

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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