Una visita incómoda

Little sister de Christian Schole

Soy una gran amante de mis silencios y soledades, que no son tales, porque mis peludos llenan la casa de amor, más que cualquier ser humano lo haría.

Es en esos días, cuándo creo que mi madre, debió llamarme interrogante. Ya desde pequeña quería saber el por qué de todo, y quizá eso hizo que me volcara en los libros, más tarde supe que serían mi arma de destrucción masiva contra la ignorancia y su compañera de cama, la manipulación.

Entro en las redes sociales, y me pregunto porqué dejé de ver la televisión hace casi dos años, porque me pongo enferma igual. Y ese yo, casi domesticado que arrancaría cabezas, me hace respirar profundo, antes de querer ser uno de ellos y acabar con más de uno de mis congéneres, que no son más que zafios poderosos que van a acabar con el mundo y con ellos mismos.

Intento centrarme en los temas literarios, pero sigo a protectoras y se me cuelan noticias que desearía no leer. Reconozco que muchas me las saltó, pero otras no puedo.

¿Alguien me puede decir para que sirven las moscas a parte de alimento de determinados animales? Es que una en especial y varias en general, han invadido mi espacio y su presencia es altamente engorrosa para mi silencio, tranquilidad y sosiego.

Creo que a alguien le ha parecido bien que se pueda aparcar a la puerta de mi casa, a mi, no me lo parece, es un obstaculomás a sortear cuando voy cargada.

Perdonad el lapsus, pero el mundo no para, y yo tampoco pienso hacerlo pese a sus visitas.

Os contaré, como decía, estar en mi santuario rodeada de mi silencio, mis libros, mis soledades y mis porqués, es para mí la definición de paraíso, junto a esos momentos con amigos, en que mi carcajada escandalosa hace que me duelan las mandíbulas de reír, como ayer.

Ya me he salido del dibujo, típico, soy un cronopio, no puedo seguir la linea.

En fin, que llega ella con su traje de visita, sin que la esperes y sin motivo aparente, en su mano, su maletín de tortura, blanco, como su vestido, ¿quién podría imaginar que alguien casi fantasmagórico produjera tanto dolor? Pues lo hace.

Hoy, como últimamente, me desperté muy temprano, salí con Jerai, y después de un tiempo, fuera de hora, me entró sueño. Mala señal. Y sí, aquí esta, sus corrientes han tomado querencia por mi antebrazo y mis manos, las duerme, las despierta a pinchazos, te las va dejando agarrotadas, y la cabeza empieza a sentir un dolor que atrae el aturdimiento.

Ella, mientras, se toma el te y te mira, cual solterona de familia bien del diecinueve o principios del veinte.

No le envenenas el té, porque la envenenada eres tú. Pero he decidido plantarle cara, la miro a los ojos, y pese a tener parte de mis dedos dormidos, le muestro que su visita ya no me da rabia ni miedo, al menos, la mayoría de las veces, y es que desde que se me desplazó la rótula izquierda, debe considerar que ya ha hecho su trabajo, y en esa zona me deja vivir. Pero yo vivo por encima de ella, y consigo que tarde o temprano se le agrie el té.

Por eso estoy escribiendo, eso la saca de sus casillas, porque la miro de reojo y continuo. No sé cuándo se irá, su presencia ingrata lo sabe, y yo se la hago sentir cada día más, dando un paso más. No se si serviría para mucho, pero yo me siento satisfecha.

¿Por qué a mi? Son tantas las posibles respuestas que sería aburrido.

Ella se toma su té, y yo me pregunto porqué todavía los humanos que lo somos, resistimos lo que resistimos.

Y es cuándo ese yo interior, instauraría de nuevo la guillotina del pueblo y para el pueblo, simbólica, no me gusta tener las manos manchadas de sangre y la espalda plagada de cadáveres, como a otros.

¿Que como se llama ella? Autoinmune, y ninguno estamos a salvo, pero podemos mirarla a los ojos y enfrentarla, porque físicamente no mata, la mayor parte de las veces, pero la lucha contra ella, a veces sí.

¡Ah! Y ustedes, los de la guillotina, no construyan un arca, porque el planeta se quema, no se inunda, pero si hay que hacerles el boca a boca, sintiéndolo mucho, estaré sentada en mi escaño de casa con una tablet en las manos o durmiendo la siesta.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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