Final

Quiso que la hora de la muerte fuera infinita, eligió las doce, todas las horas se marcan a las doce, cogió el revolver, lo metió en su boca y disparó.
El reloj de pared Art Deco, tocaba el fin de su canción, cúando el cerebro dejó de funcionar para siempre.
Estaba muerta. Esa vez lo había conseguido, sus otros escarceos con la muerte, se decía que eran femeninos, las mujeres recurren a las pastillas.
Ya no le quedaba nada, había derrochado todo lo que en la vida se puede disfrutar y llorar con desmesura.
No dejó nada, más que los gastos fúnebres pagados y la seguridad de que sus animales, vivirian bien.
Se fue sola, sin miedo y sin fantasmas a sus espaldas, como siempre quiso.
Ya era solo energia sin materia por la que preocuparse, ni dolores ni tallas vestían aquellos instantes.
Miró su cadaver, horrible, aquello no había quien lo arreglara, pero las instrucciones tras su muerte estaban claras. Féretro cerrado.
Antes de irse, se aseguró, que uno de sus amigos entreba en la casa, la encontraba, y ponia música, Lenny Kravitz, “Lets love rule”. Se despidió de su maltratado cuerpo y de su agotada mente. No habia luz. Y se dejó llevar, quien sabe, quizá en aquella nueva vida encontrara el átomo con quien fusionarse.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

A %d blogueros les gusta esto: