Dónde habita mi cuerpo

Hoy no he amanecido, porque la noche ha estado llena de luces, dormir ha sido imposible, y las sombras que habitaban las calles no han venido a cubrirme. En mi mente, los recuerdos destapados ayer del tarro de esas esencias, esos olores que la pasión graba en tu piel a fuego y de los que jamás te desprendes. Una sonrisa dónde habitaba mi mundo entero, un mirada que no se cansaba de recorrerme, unas manos que sabían esculpir en mi rostro ese gesto que dibuja el estallar de todos los sentidos, y un hasta luego breve, dónde lo cuerpos se agitaban en cada milímetro de distancia que el destino imponía. En esos casos, el amor no duele, porque ha brotado en mil complicidades inolvidables, y sabes que ese inmenso baño de sal que se ha interpuesto entre dos cuerpos, no puede borrar las notas de las canciones, ni los versos ni los besos compartidos, ni cada roce, ni cada instante vivido e imaginado, cada conversación, cada media sonrisa o risa abierta. No, no se hizo de noche en mi cama, porque las chispas saltaban con cada recuerdo para encender luciérnagas de colores en las que posar cada mensaje, cada poro de mí que le reclama, cada sueño que no ha sido, cada beso que resta en el debe y cada latido que imposibilita el olvido. No, en mi lecho no ha amanecido.

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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