Hijos del pasado

HIJOS DEL PASADO

Hoy leía que el pasado siempre está con nosotros, y que no podemos aunque queramos cerrarle las puertas del todo, y estoy totalmente de acuerdo con esa reflexión. Somos hijos una y otra vez de los pasos dados con anterioridad en el transcurrir de tiempo que es la vida, con una única certeza llena de incertidumbre que es el final del trayecto. Creer que somos dueños de nuestro pasado, es como creernos que somos poseedores de cualquier otra cosa material e incluso de algo tan nuestro como son los hijos. El pasado deja posos en nosotros, que duermen quizá almacenados en nuestro inconsciente, pero que nos hacen actuar de una manera u otra. Tras siete años de infierno, con solo breves estancias en algún que otro paraíso de uno u otro tipo, se que no puedo ser la misma. Hay momentos que jamás se almacenarán en ese cajón que es el inconsciente, y pese a que dicen que a partir de cierta edad no se cambia, yo sí lo he hecho.
Ya no sonrío siempre cubriéndome de un velo protector, no, sonrío cuando me apetece de verdad, no me importa no gustarle a pocos o muchos, soy yo así, y solo yo puedo juzgarme, no escribo con metas o para agradar, escribo porque me apetece, ya no me muerdo los labios con algunos, estoy aprendiendo a llorar de pena, me gusta estar solo con quien me gusta y no me impongo gustos, se vivir echando de menos a quienes amo y me aman, sin fustigarme, no hago de mi vida un viacrucis de obligaciones, si no se puede, no se puede, estoy empezando a aprender a convivir con mis enfermedades, e intento controlarla, no que me controlen, evitar que se retroalimenten. He cambiado gustos, dieta, y me gustan mis soledades, y se que mi hija siempre ha sido el centro de mi vida y ahora que puedo disfrutarla más que nunca, es el mayor placer de mis días. Somos un equipo, y el respeto y la admiración es mutua. Ya no juzgo y menos prejuzgo, ni impongo castigos, a mi tampoco me torturo, se que el presente es lo que es vida y en el trabajo para construir un futuro. Sí, he perdido soberbia, capacidad de amar, espontaneidad, impaciencia, acepto el tiempo que se refleja en el espejo, mis metas son pequeñas, mis sueños alcanzables, no me maquillo si no lo requiere la ocasión, he adoptado a los animales como mi mejor compañía diaria, ellos y Lisa son mi vida, y ahora alguien que me regaló el destino, Sandra, nos comprendemos porque sufrimos lo mismo y nos entendemos, lo que es un placer, nos acompañamos sin compadecernos, y juntas sonreímos y hasta nos carcajeamos de nosotras mismas. Ella, Carlos su marido, Conxi mi amiga de toda la vida, mi madre mi primo Paco, en realidad primo de mi padre y David son las personas que forman este círculo más cerrado.
Más allá, más amigos, familiares, mis compañeros escritores, editores, lectores, libreros… todos y cada uno ellos con los que tengo relación a distancia, forman mi segundo círculo de confianza.
Y sí por fin me vine dónde pertenezco, a un rincón donde el aire huele a sal, a ese mar azul o plata que desde niña me atrajo y me cubrió formando parte de mi piel, sí soy de agua.
Y ha sido mi pasado quien me ha traído aquí, y pese a días malos, soy feliz solo por verlo, por sentirlo en mis pulmones.
Por fin he aprendido que a quien más tengo que amar y cuidar es a mi misma y a Lisa, como ella cuida estos días de mí.
No, no he expulsado mis demonios, porque algunos seguirán conmigo siempre, hay heridas que nunca dejan de supurar, pero aprendes a vivir con ellas.
Si, el pasado no es aquella caja de recortes de revista que pierdes o abandonas en una mudanza. El pasado viaja con nosotros a cada paso que damos, y puede incluso alguna noche, llamar a nuestra puerta.

OBRA: ‘La persistencia de la memoria’ S. Dalí (1931)

Publicado por Nuria Barnes

Soy un cuerpo construído de poemas, de los que leí, y de los que la vida escribió en mí y yo para ti. Narro historias, porque sino escribiera me faltaría el oxígeno para vivir.

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