Fe de un tiempo

Te amé tanto que ya no quedó espacio para otro amor,
eras cada segundo de mi aire,
tu boca se deshacía en la mía aún sin estar,
colgada de tus brazos,
inquilina morosa de esa mirada tuya.
Hubieron más guerras, más cuerpos, más sábanas derramando sudores y olores,
pero tu piel seguía cosida a la mía en un mal zurcido que dejó que te marcharan,
y me abandonó suspendida.
Y ahí sigo,
como péndulo vagando a ninguna parte.
Ya no hay bocas, ni sudores, ni siquiera fríos,
soy un cuerpo inerte estrellado en si mismo,
burlado por una marea que te mantiene en tierra seca,
y yo, yo ni siquiera dejo que el mar me bese,
me aferro a la tierra yerma que soy,
porque hay bailes que se quedan sin pasos,
y yo me quedé sin sed,
no bebo otros cuerpos y castigo al mío a un vacío sin tacto y sin mirada,
condenada a aquello que en un tiempo fue.

Quizá mañana

Voy a cerrar las puertas al ruido,
en silencios de alma,
alzada al columpio de aquellos tiempos dejo fluir minutos.
Supe quién soy hace algunas pieles,
pero no sé donde caminarme,
Escucho el trino de unos pájaros y el canto potente de las gaviotas,
las voces humanas me son ajenas,
siento que este no es el mundo al que pertenezco,
el ruido me encoje y me encierro en mi jaula,
ahí canto en silencio,
donde música no se percibe más allá de mi latido.
Entonces no supe mirarme,
ahora me miro y soy una imagen distorsionada de lo que fui,
el amanecer me perfila y como acuarela pasada de agua el día me desdibuja.
No, ya no pertenezco.
Estoy en tiempo prestado, seguro, de descuento,
y así nado sin olas junto al mar que no puede bañarme.
Erré de nuevo.
Mi pena es un día más de muchos otros.
Ayer recorde tu cuerpo de nuevo junto al mío, aquello fue vida.
Hoy suena un blues de despedida al ayer que se desvanece,
quíza mañana la melodía sea otra,
el mar me bañe y de dos pasos de baile.
Quízá mañana.