Málaga, vivir con arte.

  Soy una barcelonesa que se crió en Madrid hasta los ocho años. A esa edad, mis padres decidieron regresar a Cataluña y nos fuimos a vivir a Olesa de Montserrat.

  El cambio fue tan brutal que nunca me adapté del todo, y a los 25 me marché y me fui a vivir a Casabermeja, Málaga.

  Desde entonces, parte de mi corazón vive allí.

Casabermeja, foto tomada por mi


  He vivido en muchos otros sitios, mi vida va desde una samba de Carlinhos Brown a un tango de Gardel, y a día de hoy vivo escondida en un lugar de España que no puedo mencionar.

  Mil batallas me han curtido y tengo marcas de guerra por toda partes, pero a pesar de todo ello, mi grado de locura es tal, que a mis cincuenraitres decidí embarcarme en la maravillosa aventura de Adopta a un Copywriter de Javi Pastor.

  ¿Pero qué tiene que ver todo esto con Málaga?

  Pues muy sencillo, mi sueño es volver en un tiempo y quedarme allí.

  Os invito a la Málaga de verdad, Antequera, Casabermeja, Frigiliana, Nerja, Ronda, Comares, Ojén, Torrox y como no, a la bella, como ellos llaman a su capital.

  Y es que la belleza no está sólo en su mar, en sus pueblos, en sus monumentos, la belleza de Málaga está en su gente, pura vida, alegría de vivir, sencillez, te acogen como un malagueño más desde que llegas y hasta te ganas el título honorífico de boquerona.
 
  Vivir Málaga es respirar vida y alegría por los cuatro costados, siempre hay motivos para reír, celebrar y disfrutar cada instante de esos que se nos escapan sin darnos cuenta.

Y si hablamos de comer, desde la porra antequerana, la sopa de picadillo y el lomo en manteca al pescaito frito, hay tanto que si sigo vais a engordar con sólo leerlo. Eso sí, siempre lo podéis regar con buenos vinos y mostos de la tierra.

  ¡Pero tened cuidado, pedir el desayuno puede ser una trampa mortal!

  Una mañana, en mi segundo viaje, antes de irme a vivir definitivamente, fui a desayunar con mi amiga Josefi.

  Cuando el camarero se acercó a la mesa le dijo— una nube y un pitufo— yo, mirándolos como si hubiera viajado a otra Galaxia, puse cara de póker y les dije— pues yo Blancanieves y los siete enanitos y ya he desayunado—. Los dos se morían de risa, y es que Málaga tiene muchas formas de pedir un café y una de ellas es la nube, mucha leche con un poco de café, y el pitufo es un bocadillito muy pequeño que en otros sitios llaman, por ejemplo, pulga.

  En fin, aclarada la situación y entre risas nos tomamos el desayuno.

  España que conozco prácticamente entera, tiene muchísimos lugares maravillosos que visitar, con arte, arquitecturas de ensueño, paisajes que parecen de mentira y comidas y buenos caldos para todos los gustos.

  Pero Málaga tiene además un embrujo y una gente que te hacen sentir en casa desde que pones un pie.

  Así que toma tu mochila o tu maleta, conoce siempre lo que tienes más cerca y reserva visita para la bella, dónde siempre estás invitado y seguro que se quedará un trocito de tu corazón

  Y se me olvidaba, que me hago mayor, si aguantas diez días de fiesta continua, vete para sus ferias, sobre el 15 de agosto. La de día en el centro de la ciudad y la de noche en el recinto ferial, eso sí que es alegría en todos los sentidos.

Vive Málaga y sabrás lo que es vivir con arte.

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