Dos galgos

     Cuando le dijeron que su marido estaba muerto no pudo gritar, miró a los ojos de los dos agentes y cayó de rodillas sin pronunciar una sola palabra, ni un grito, nada.    Aquello era lo que más odiaban de su profesión, anunciar a los vivos la pérdida de los que amaban, niSigue leyendo “Dos galgos”